28 enero 2007


 

Me paré en seco y estiré los brazos hacia arriba y me fui arqueando mientras me desperezaba. Estaba realmente agotado, llevaba un buen rato andando y cada vez me apetecía menos. Aquella ciudad empezaba a asquearme. Al principio me gustaba, como ocurre siempre que visitas un lugar por primera vez; pero allá donde fuera sólo veía por todas partes a los mismos estúpidos humanos. Desde luego no merecían estar allí. Abrí mi bolsa de costado y saqué mi carpeta de apuntes (la verde oscuro) y me puse a leer el resumen que había hecho sobre los papeles que encontré en el sótano de mi abuelo.

"El pacto de hace quinientos años -leí mentalmente-. . . esto me lo sé. Las dos organizaciones . . . también. El despertar de los poderes -miré mi mano en ese momento y recordé la primera vez que sentí aquella sensación recorriendo mi cuerpo-. . . perfecto. ¡Ah! Esto -cogí aire-, esto es más interesante".

Seguí leyendo mis apuntes, escritos con mi genial estilo para resumir las cosas, es decir, cambiándolo todo. La siguiente parte correspondía a una palabra parecida a "antípetis", es decir, una persona que sin tener los mismos poderes que yo tiene algún tipo de vínculo conmigo porque ocupa una "posición" equivalentemente hablando en la organización opuesta según . . .
Comencé a negar con la cabeza y apretar los dientes. Acto seguido, saqué un bolígrafo azul de la bolsa y taché todo lo que tenía escrito en ese último párrafo. Una vez más era incapaz de entenderme a mí mismo.

"Veamos, a ver si así, lo que puedo sacar de memoria. Alguien de los "malos" tiene algo que ver conmigo . . . porque sí. Mucho mejor -pensé mientras esbozaba una sonrisa y tiraba lejos aquel estúpido boli que empezaba a agonizar en mis manos".

Guardé la carpeta de apuntes y seguí andando durante unos metros cuando me detuve de nuevo en seco. Me quedé pensativo un rato hasta que me dí cuenta de que había olvidado a dónde iba. Metí la mano en la bolsa, deprimido, y saqué la carpeta de agenda (la azul marino).

"Veamos, veamos . . . para hoy . . ."
- Ajá -grité repentinamente asustando a la gente que pasaba junto a mí.
"Ya veo, al llegar a la ciudad tenía que ir a un hospital para que me miraran el corte -me miré el hombro que, bajo mi ropa, tenía una gran herida fruto de una pelea con otro de esos "mutantes" tan raros con los que me topaba de vez en cuando-. La verdad es que es bastante feo, será mejor que busque un hospital cerca".

Metí la carpeta de agenda y saqué un mapa de aquella ciudad. Seguí con el dedo desde donde me encontraba hasta el hospital más cercano.

- ¡¡¡Maldición!!! -exclamé. Esta vez una anciana dijo algo ofensivo contra mí, aunque no pude escuchar bien qué fue.

El hosptial más cercano quedaba como a otros treinta minutos andando. Estaba harto, si al menos fuera por la noche, podría ir mucho más rápido, pero nooooooo, tenía que ser de día. Miré al cielo sólo para amenazar con la mirada a esa cosa amarilla tan redondita que había en el cielo; pero, para colmo, estaba nublado.
Eché a andar con mi resignación a cuestas en dirección al hospital más cercano, donde me curarían esa herida tan fea. Mientras caminaba, pensaba en eso del "antípetis". ¿Quién sería? Incluso me empecé a plantear por qué no podíamos llevarnos bien y punto, pero eran sólo divagaciones estúpidas. Además, no valía la pena pensar en eso por el momento. Aún tenía algo más urgente que hacer, tenía que encontrar a su líder. Pero era demasiado lioso, ni siquiera sabía su nombre, su dirección, su teléfono o cualquier otro dato personal. Empecé a reirme sólo ante mi estupidez. Obviamente, un líder tendría a un secretario que se encargara de ese tipo de cosas, así que a quien tenía que encontrar era al secretario; era tan obvio. Al menos sabía dónde no estaba, después de recorrer medio país buscando; eso sin contar que conforme fui avanzando, cada vez más humanos "mutantes" aparecían en mi camino. Lo único que podía saber con total seguridad, es que era una chica. Aquella idea no me molestaba. Mientras lo hiciera bien, no importaba quién fuera el líder. La auténtica pregunta era . . . ¿Qué bando elegiría acabar con los humanos?

Al final acabé llegando a las puertas del hospital antes de lo que pensaba. ¿Habría ido muy rápido? Ya daba igual. Entré y solicité una consulta; me senté en una sala de espera y aguardé durante al menos treinta o cuarenta minutos.


//out// (No sé si estará bien o no, o si seguirá el estilo adecuado. Es la primera vez que participo en un rpg, así que si hay cualquier cosa que esté mal, decídmelo y lo corregiré encantado. Muchas gracias por todo.)



Sonel vió el Apocalipsis a las 8:05 p. m.

 

 
 

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