23 julio 2008


 

Acababa de dejar a Leyre en su nuevo hogar.

Mientras andaba introduje mi mano en uno de los bolsillos de mi chaqueta, saqué un papel doblado y lo extendí. Era una foto de un cadáver. Era joven, no superaba los dieciocho años. Pelo negro, largo, ojos castaños y cara… su cara reflejaba una tristeza más allá de la muerte.
Noté algo en mi mano derecha y cerré los ojos.
El mundo está podrido… eso es un hecho. No podemos finarnos de los humanos. Son basura, sólo basura… Se destruyen, abandonan, matan, entre ellos. Quizá en un par de años acaben matándose los unos a los otros. Pero eso no interesa. Deben morir y ser conscientes de su pecado.

Cuando terminé de pensar, noté que había arrugado la foto.
Suspiré y continué andando. Debía identificar a la chica. Como fuera. No habían desaparecidos que coincidiesen con su descripción. Así pues, fui al depósito para ver el cuerpo. Una sábana cubría hasta unos centímetros más debajo de su clavícula, su cabello estaba bien colocado sobre la camilla y en su cuerpo sin duda había sido practicada la autopsia.
Miré de reojo hacia aquel lugar donde estaban sus pertenencias al morir. Me acerqué. Un vaquero, una camiseta, un móvil, un ipod y… un pendrive. Tomé el móvil y el pendrive, luego salí de allí.

Aún desconozco el motivo, pero lo primero que hice fue conectar aquel dispositivo USB en mi ordenador. Lo reconoció sin problemas y la carpeta se abrió ante mi. Había un archivo tan solo, un documento de texto. Lo abrí y noté como mi respiración descendía.
“Para el que me encuentre.
Posiblemente aunque acuda a la policía, mi desaparición no ha sido denunciada.
Hoy mis padres me han dicho que no sirvo para nada. Discutí con mi hermana puesto que me trató mal y mis padres le dieron la razón sin escuchar. Oí decir a mi padre “chiquilla esta, de un bofetón la mandaba a su cuarto”.
¿Sabe, desconocido? Es doloroso oir eso…
Tras suceder, me sentí muy mal e intenté hablar con mis amigos. Ninguno me escuchó. Algunos no me respondieron hasta que dije que, finalmente me iba. Y sólo para decir “adiós”. Es doloroso no tener a nadie que se preocupe por ti…
¿Sabe? Puede que piense que soy exagerada, que posiblemente soy alguien con una casa bonita, una familia que me quiere y unos amigos que realmente me estiman. No sabría que decirle. Últimamente no sé que ocurre. Cada vez hablo menos con la gente. Intento, me esfuerzo por abrir conversación, pero no es posible… se quedan en silencio. No quedan conmigo. No me cuentan nada. Me han olvidado.
Y la relación con mis padres cada vez es más… no lo soporto.
Además, sé que quejarse es imposible y puedo llegar a quedar como una niñita mimada que no sabe lo que quiere. No se solucionará. Y me siento tremendamente sola.
Por ello me he…
Durante mucho tiempo había querido hacerlo. Realmente me había visto sola antes. Pero no lo había hecho por mis padres. Sin embargo, si verdaderamente no han denunciado mi desaparición me alegro de haberlo hecho. Significa que es la repuesta correcta.

Gracias por leerme, si es que lo ha hecho.
Mi nombre es Saya Riven.
El número de mi casa es XXXXXXXXX
Y mi dirección es xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx…”

Al terminar de leer todo aquello tenía mi puño derecho cerrado. Golpeé con fuerza la mesa y agaché la cabeza. Supe que todos me miraban.
Puta sociedad…
Amor, amistad, fidelidad… ¡patrañas!
Esta chica ha podido sentir lo que yo sabía desde hace mucho tiempo. Saya, créeme, estarás mejor ahí donde estés.


Fui a su casa.
Era muy tarde.
Me abrió un hombre de unos cuarenta y tantos años. Me miró de arriba abajo, como examinándome y luego fijó sus ojos en los míos, mientras preguntaba:
-¿Quién es usted?
-¿Su hija es Saya Riven?-pregunté.

Hubo tensión en su rostro, un ligero gesto de enfado. Sin embargo, asintió levemente mientras, por un momento tan solo, dejaba de mirarme.
-Pero no sé donde está.-explicó.- Hace tres días que se marchó de casa.
-¿Y no ha denunciado su desaparición?-pregunté. Realmente ella estaba sola.
-No. Ya volverá a casa cuando vea que no puede mantenerse sola.
-O no.

Me miró con ojos interrogantes. Capullo…
Saqué mi placa, se la mostré y luego, sin pudor, le enseñé la foto de su hija muerta. Palideció de golpe, como si realmente le hubiesen pintado la cara de blanco. Tomó la foto a la fuerza y se la pegó aún más al rostro, empezó a temblar.
-¡¿Saya?!-chilló.
-Ha muerto.-anuncié.
-¡¿Cómo es posible?! ¡¡ella… ella….!!
-Se ha suicidado.

Noté que se estremecía. Me cogió del cuello de la camisa pero le empujé bruscamente contra la pared, haciendo que me soltase. Continué con los ojos fijos en él, y señalé la foto mientras decía:
-¡La culpa es tuya y de sus conocidos! ¡Se sentía sola, tremendamente sola! ¡Nadie la escuchó…! Salvo yo… pero ya era demasiado tarde. Espero que se sienta a gusto. Ya no hará falta que la mande a su cuarto de un bofetón, señor Riven.

No dijo nada.
Me giré bruscamente y me marché de aquel lugar.
Sin duda merecéis todos morir. Cada uno de los humanos que en la Tierra residís. Llegué a la casa de Helena y entré. Me arrastré hasta el sofá del salón y enterré mi cabeza en uno de los cojines.
-¡Vash!-Una voz en forma de recuerdo me atormentó entonces. Reía, era la voz de una niña.-¡Vash! ¡Enséñame a juga’!

… Mary…


out: bueno people, el primer post despues de mucho. espero que empezamos a revivirlo pronto ;D



Lau vió el Apocalipsis a las 1:40 a. m.

 

 
 

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